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¿Somos racionales al comprar una casa?

Todo indicaría que somos racionales al comprar una casa, de acuerdo a las teorías económicas tradicionales. No se trata de una adquisición cualquiera, se trata de algo que debe considerar múltiples factores, por lo que necesita de toda nuestra atención. Pero, ¿somos capaces de racionalizar un problema tan complejo, en el que intervienen tantos factores?

La economía conductual, plantea que tendemos a simplficar los problemas con una serie de principios. Entre ellos, se destacan el «isolation effect» y el «prominence effect».

La compra de una vivienda, es una de las decisiones más importantes de nuestras vidas. Por lo tanto, exige la mayor implicación posible por parte de los consumidores. Lo esperado, es que el comportamiento de ellos sea especialmente racional, valorando todas las alternativas y consecuencias, y escogiendo la mejor opción disponible.

Sin embargo, en los últimos años han aparecido otros puntos de vista desde el enfoque de la economía conductual. Muchas veces, frente a problemas complicados, nuestros esfuerzos por actuar de manera racional, son insuficientes. De hecho, tendemos a utilizar herramientas que nos permitan simplificar estas decisiones, y actuamos en lugar de paralizarnos por la incertidumbre.

¿Somos racionales al comprar una casa?

Los consumidores, ¿podemos en algún caso ser racionales?

Las teorías económicas tradiconales insisten en considerar al consumidor como un «homo economicus», perfectamente racional. De acuerdo a esto, antes de tomar una decisión valoramos todas las alternativas de compra, las clasificamos en una escala objetiva de valor, y escogemos la mejor opción.

En el caso de la compra de una casa, consideraríamos todas las viviendas en vente, valoraríamos todos los aspectos de cada opción (localización, luz, conectividad, distrbución, etc.), y compararíamos estos aspectos (su relevancia en el presupuesto, incluso su influencia en proyectos alternativos que pudiéramos tener). Sólo después de todo este análisis, escogeríamos la mejor alternativa del mercado.

Si alguna vez has comprado una vivienda, es fácil reconocer en nuestro comportamiento cierta voluntad por hacerlo de esa forma, siguiendo los pasos que plantea la economía tradicional.

Herbert E. Krugman y la psicología del consumidor

Herbert E. Krugman, en 1965, usó por primera vez el término «involvement» en la psicología del consumidor. A partir de ahí, muchos investigadores han trabajado sobre este concepto e intentado medirlo. En 1985, Zaichkowsky desarrolló la escala PII (Personal Inveolvement Invetory), que permite clasificar la implicación de un consumidor en una determinada decisión.

A pesar de que hay cierto consenso en el uso de esta escala PII, para evaluar la implicancia de un consumidor en una decisión de compra, no hay un criterio común a la hora de definir las consecuencias sobre su comportamiento. El concepto de «involvement», ha servido para explicar diferentes tipos de comportamiento. Todo indica que, a mayor implicación por parte del consumidor, mayor es el esfuerzo por ser racionales.

Es por eso que el potencial comprador de una vivienda, se esfuerza en ser calculador y objetivo. La compra de una vivienda es algo que no sólo afecta a nivel presupuestario, sino que también tiene una influencia sobre nuestro tipo de vida.

Ahora, si bien se reconoce el esfuerzo por ser racionales en la compra de una casa, también se puede reconocer el fracaso en esa determinación. Hay quien se puede ver argumentando que el baño de una de las opciones es más bonito que el de otra, sin considerar que el cambio en el precio le permitiría una reforma que los iguale. Otras personas incluso pueden hacer un archivo en Excel, para comparar las distintas alternativas, que al final apenas tendrá sentido para ellos mismos. Casi todos, buscamos argumentos racionales para justificar ante nuestra pareja (incluso ante nosotros mismos), por qué la vivienda que nos gusta es «objetivamente mejor» que las demás.

¿Somos racionales al comprar una casa?

¿Cómo valoramos nuestra propia casa?

La vivienda tiene una doble condición. Por un lado se compra para su uso, mientras que por otro se busca una buena inversión. Los compradores de una casa, suelen ser al mismo tiempo vendedores de una anterior. Esto debería favorecer un comportamiento racional. Se podría esperar que la evolución del mercado inmobiliario, sea acorde con las leyes más clásicas, ajustándose precio, oferta y demanda, de acuerdo con las condiciones económicas globales.

De acuerdo a este comportamiento racional, los consumidores deberían valorar todas las decisiones en una escala global de utilidad. Todas las alternativas deberían poder compararse, con el objetivo de escoger la mejor. Si esta escala fuera sólo objetiva, no podría tratar de distinta manera las pérdidas y las ganancias. O sea, en un mercado inmobiliario a la baja, las pérdidas como vendedores se compensarían en utilidad, con las ganancias como compradores.

Al tratarse de una de las decisiones de compra más importantes para las personas, contar con la asesoría de un profesional al momento de decidir, puede marcar una real diferencia. Nuestro asesor inmobiliario, puede darnos luces objetivas si las nuestras llegan a perderse en algún sentido. Si estas pensando en comprar una vivienda, no dudes en comunicarte con nosotros.

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